La Cantatrice Chauve
domingo, 19 de septiembre de 2010
miércoles, 7 de julio de 2010
Jet Set/2
Mientras contaba monedas para subirse al gusano manzana se dio cuenta que le gustaba comerse las uñas. Tiro las monedas y decidió que su próxima misión iba a ser conseguir ese esmalte asqueroso que impide que personas como ella se coman las uñas. No sabía donde conseguirlo, cuánto le iba a costar, ni si le iba a hacer algún efecto; pero al menos iba a intentarlo. Mientras caminaba por la calle advirtió que las dos farmacias por las que ya había pasado se encontraban cerradas, y pensó que quizás era un complot, que quizás había alguien en la tierra a quién le interesaba que ella se comiera sus uñas. Además se percató que las calles estaban vacías, pero no quiso distraerse más, y continuó su camino. Luego de varias cuadras se encuentra con un mendigo durmiendo en una puerta.
Primero lo toca con el pie. Nada.
Lo sacude con una patada voladora que había aprendido cuando fue cinturón rosado en karate. Nada.
Saca un escarbadientes de su bolsillo izquierdo y lo pincha. Nada.
Abre un vino en caja y se pone a tomar a su lado haciendo el ruido evidente de cuando alguien que nunca toma vino en caja, lo hace por primera vez. Nada.
Entonces se pone nerviosa y comienza a comerse las uñas. Es allí cuando el mendigo salta de su cartón-bed y se la queda mirando asombrado. Ella deja de comerse las uñas, pero no por la mirada opresiva le mendigo, sino porque lo reconoce inmediatamente. Era Paulo Coelho. Impresionada, ella saca “El Peregrino” de su cartera y le pide un autógrafo. Coelho decidió dejar de lado el tema de las uñas, ahora tenía la oportunidad de cagar alguien y lo la iba a dejar pasar. Le firmó el libro e inmediatamente le ofreció un mensaje para que continuara su camino. Ella aceptó e inconcientemente sacó su monedero. Pausadamente y con un aire de seudo intelectualidad, le dijo: -Cuando camines por un sendero desconocido, siempre...siempre niña, sigue a tus pies. Ella, mientras intentaba descifrar la profunda frase de su ídolo, continuó su camino en busca del esmalte.
Eugenia Ladra.
Jet Set/1
Sujetaba fuertemente un cuchillo con su mano derecha. Se escuchaba un tango melancólico de fondo. Sus lágrimas caían lentamente por sus mejillas. Tenía las manos sucias y ganas de terminar de una vez. Odiaba tener que cortar las cebollas, pero sino cocinaba, nadie comía. Sin embargo, ese día fue diferente, ese día se cansó. Tiró el cuchillo a la mierda, se arrancó el delantal floreado que tanto detestaba y salió corriendo a la calle con una mueca de heroísmo en su cara. Cuando se percató que la gente la observaba misteriosamente decidió eliminar aquella mueca que la había hecho sentir tan bien, para volver a su insípida cara. En el momento en que volvió a ser una persona normal, la gente se aburrió y volvió a mirar hacia el piso.
Una vez fuera de su casa no sabía hacia donde ir, entonces decidió tomar un ómnibus, el primero que arribara a la parada. El afortunado fue un 121.
Se sentó al lado de un punk que escuchaba en sus ariculares a Madonna y llevaba bajo el brazo un libro de autoayuda. Poco a poco ella veía como al punk se le iba corriendo el delineador cuando una lágrima se quería asomar. Es que el punk estaba escuchando la canción “Like a virgin”, su preferida. Pero como ella no estaba como para consolar punks doloridos física y psicológicamente, decidió cambiarse de lugar.
Al fondo, en el último asiento se encontraba una anciana aparentemente fanática de Harry Potter. Una bufanda de Gryffindor, obviamente amarilla y bordo, envolvía su frágil cuello, y una clara cicatriz resaltaba en su frente. Un rayo estaría marcado por el resto de los tiempos en su cara. Fue así como Nubel Cisneros se enamoró de ella.
Luego de ver como Nubel y la anciana del rayo se besaban las frentes, cambió nuevamente de lugar. Esta vez estaba Sanguinetti concentrado en un espejo mientras se depilaba desprolijamente las cejas. Ella lo miró extrañada, y él le dijo con una voz algo cambiada: -Es a propósito nena, le da un look “hippongo”. Ella, cautivada por su discurso, sacó un espejito y una pinza de cejas y lo comenzó a imitar. Pero toda esa calma se interrumpió cuando un tipo en el fondo gritó: -yo no tengo pincita, y la depilación es para todos y con todos. En ese mismo instante, Nubel dejó de besarle el rayo a la vieja y le pidió amablemente que bajara la voz, que depilarse la cejas no era un tema de lluvia o sol. El otro se puso tan rabioso que detrás de él salió una perra de tres patas que hizo que dos mujeres se bajaran del ómnibus muy asustadas. En ese momento Sanguinetti que se había aburrido de tanto drama comenzó a cantar un viejo hit mientras le guiñaba un ojo a la del rayo. -Abarajame la bañera, nena...
lunes, 28 de junio de 2010
Pasaron días, semanas y meses. Ella se tornó ojerosa, sucia, su pelo se dividía entre piojos y grasa. Su piel tenía manchones y su boca un gusto a seco. Sus huesos marcaban su silueta, escondida debajo de trapos agujereados. Sus uñas era lo único que cuidaba, temía arañar algún libro. Había sido olvidaba, su familia prefería no nombrarla en los almuerzos del domingo; y en las fotos de sus amigos donde estaba ella, se habían hecho quemaduras con un cigarrillo sobre su extraña cara. Pero a ella no le importaba, sabía que sus lecturas diarias eran mejores que toda esa porquería de amigos y familia, donde se hacían regalos obligados para fechas como navidad.
Una mañana comenzó a leer un libro que según su titulo no iba a ser muy interesante, pero decidió no prejuzgar y emprendió con la primer frase. Cuatro horas después lo había terminado y se encontraba tendida en su cama llorando desconsoladamente. Nunca le había pasado con ninguno de los otros libros que había leído, ellos solo le gustaban o no le gustaban, pero nunca la emocionaban. Ella misma se sorprendió con lágrimas en sus ojos, ya que al perder el apetito y el sueño, también había pensado que sus emociones habían desaparecido, pero comprobó que no.
Ese día no leyó más. No sabia que hacer, estaba perdida. No encontraba nadie a quien contarle lo sucedido, ni nadie con quien llorar. Hasta que decidió escribir. A su recuerdo solo venían historias que ya habían sido escritas. Pero en un momento unas palabras vinieron tan rápidamente a su mente que no puedo controlar su mano: “Había tenido alguna lejana vez, grandes proyectos...”
Eugenia Ladra.
Quiero
Quiero caminar sin rumbo ni brújulas!
Quiero que Cerati me haga una guiñada!
Quiero que el chocolate se regale en las calles!
Quiero que Cortázar siga escribiendo!
Quiero que se culpe al culpable!
Quiero que se le de afecto al afectado!
Quiero que los cuentos se cuenten!
Quiero que las canciones se canten!
Quiero que los libros sean libres!
Quiero que mis ideas sean hechos!
Quiero mi mano en una bolsa de semillas!
Quiero olor a tierra mojada!
Quiero atardeceres lentos!
Quiero volar sin azafatas!
Quiero que Tom se coma a Jerry!
...
miércoles, 24 de marzo de 2010
El día en que nací no podía dormir. No me había requerido ningún esfuerzo salir del vientre de mi madre, a pesar de lo cómoda que allí me sentía. Sin embargo, el jueves trece de febrero de 1992 decidí que ya era tiempo de madurar y enfrentarme al mundo. Asi que a las 11.10 horas de la mañana del jueves empecé a ser Eugenia.
Estaba en mi mejor momento, nada menos que estrenando mi vida, cuando siento que mi madre comienza a acariciarme la nariz y a hamacarme para que me duerma. ¿Dormir? ¿Cuando había estado nueve meses encerrada en mi vieja habitación? No; definitivamente no.
Dado que mi madre entendió el mensaje, comenzó a contarme una historia muy interesante sobre una niña.
- Había una vez - dijo – una pequeña salió de la panza de su madre. Sus padres vivían en Montevideo, por lo que ella también viviría allí sus próximos siete años. Allí iría a la Escuela Grecia, se armaría de muchos amigos, tendría una tortuga de mascota y sospechas de ser adoptada.
Luego que pasaron esos años donde la niña vivió en Montevideo, sus padres decidieron emigrar a México, ya que una crisis azotaba al país. Primero fueron ellos solos, por lo que a la niña la dejaron viviendo con su abuela, en un pequeño pueblo llamado Nueva Palmira, en el departamento de Colonia. A la niña le encantaba vivir con su abuela en aquel lugar tan libre, donde los niños podía andar en bicicleta, ir hasta el almacén de la esquina solos y por sobre todo andar descalzos.
Un día, sus padres volvieron para llevarla con ellos a Guadalajara, una ciudad de comida picante, acento extraño y siete millones de habitantes. Durante ocho meses aquella niña conoció lugares extraordinarios, se deslumbró con murales enormes y también tuvo miedo. Tuvo miedo del smog. Alguien le había dicho que en México había mucho smog, y cuando se acordaba tenía miedo de respirar contaminación.
Cuando la niña y sus padres volvieron a su país natal, se separaron. Su padre volvió a Montevideo, mientras la niña y su madre iban rumbo a Nueva Palmira. Allí la pequeña retomó sus estudios, conociendo otros nuevos amigos y otras nuevas costumbres. La niña siempre recuerda su primer día de escuela, cuando era el “bicho raro” y una compañera se acercó y en secreto le preguntó: ¿Cuál es el himno en Montevideo?
Poco tiempo después su madre volvió a viajar a México, y la niña entristeció. Pero tiempo después entendió que “lo que no mata, fortalece” , y la niña dejó de ser niña.
Cuando se percató había comenzado el liceo y se había transformado en adicta a Harry Potter. Le siguieron más libros, y entendió que le encanta la literatura. Más tarde descubrió su gusto por el cine y la música, por los abrazos y el teatro.
Cuando finalizó el liceo, la niña no tan niña, comunicó que quería comunicar. Entonces comenzó a estudiar Comunicación. Así fue que una profesora como tarea pidió una presentación sobre cada uno, y la niña no tan niña, comenzó: “El día en que nací no podía dormir”.
Eugenia Ladra.
jueves, 18 de marzo de 2010
Me dijeron que tenía que hacer un discurso, pero tengo un gran problema: no tengo nada para decir. Como no soy ni política ni alguien que acostumbre a dar discursos en público por diversión o profesión, tengo muy poca experiencia en este tema de la oralidad.
También me dijeron que debía comenzar con una introducción, que supongo que es ésta que estoy diciendo ahora. Ésta es la introducción. Y creo que la introducción tendría que ir terminando. La introducción terminó acá.
Esta parte vendría a ser el desarrollo de este discurso, aunque no se si llamarle asi, por que un discurso tendría que tener un tema determinado, y a este (no se como llamarlo, porque un discurso no es) es justamente eso lo que le falta. Convengamos que ya tiene una introducción y estamos en el desarrollo. Tampoco vamos tal mal. Pero me complica eso del tema. Un discurso sin nada para decir, es complicado.
Pensé en terminar el desarrollo acá, pero tiene que ser mas largo, sino va a parecer que no estoy diciendo nada. Y hacer un discurso para no decir nada no tiene mucho sentido.
Me pregunto que se cree la gente que habla en público y no tiene nada para decir, que parlotea mucho, pero no apunta a nada en concreto. Me revienta esa gente. Si no tienen nada para decir que se callen. O al menos que no sean tan atrevidos de hacer un discurso.
Por suerte ya aclaré que esto no es un discurso, si no me estaría contradiciendo. No es un discurso porque no tiene un tema.
No me parece nada mal que la gente hable sin tener algo especifico para decir. Peor sería que se queden callados. Las personas tienen que atreverse a expresarse, porque hay que tener en cuenta que no todos tienen algo para decir, y no podemos ser tan egoístas de pedir que no hablen a aquellos que no se les ocurra nada para contar. Hay que entender, no todos pueden. Hay que ser inteligente para hablar y encima comunicar algo.
Por mi parte, sigo escribiendo y sigo sin saber que decir. A veces siento que no digo nada, aunque quizás sea solo una impresión.
No se que piensan ustedes, pero cuando no hay nada para decir siento que el desarrollo del discurso se hace mas largo. Creo que el desarrollo podría ir terminando acá. Si, es lo mejor. El desarrollo termina ahora. Listo, ahora empezó el final. Esto es el comienzo del final. Acá está terminando el comienzo del final y está empezando el desarrollo del final. Es medio complicado, así que lo dejo por acá. No entiendan mal, el discurso no se termina, se termina la parte en que explico lo del final.
Me cuesta un poco hablar y no decir nada, no es ninguna pavada déjenme decirles, y menos cuando no se sabe que decir en público y solo se habla de eso: de que no hay nada para comunicar. Esto me hace cuestionar por qué elegí esta carrera, pero mejor no entrar en detalles porque ahí estaría diciendo algo y empecé este discurso (¿o cómo llamarlo?) con la idea de no decir nada, con la esperanza de que no supieran ni mas ni menos después de escucharme. Y creo que lo logré.
Eugenia Ladra.
jueves, 12 de noviembre de 2009
martes, 27 de octubre de 2009
Se deben haber dormido con una sonrisa torcida en la cara; o quizás deben estar brindando con copas de cristal el saber que el pueblo uruguayo los extraña y hasta parece que les da lugar para una segunda visita. Porque acá somos todos solidarios, y además tenemos mala memoria, pero no hay que preocuparse, es un síndrome general. En realidad, ¡no hay país como Uruguay!
Y así estamos, con la justicia a nuestros pies, pero como buenos orientales le agradecemos y la despedimos, sus servicios no son solicitados.
Mientras escribo enojada, familias desarmadas planean irse del país que no supo entender, del país que se queda en el discurso y olvida los hechos, del único país que le dice sí a la mentira y no a los derechos.
02:30 del 26 de octubre de 2009.
Eugenia Ladra.
miércoles, 21 de octubre de 2009
Dialéctica barata..
Envolvés con tu palabrerío, y todos quedan satisfechos.
Tenes tu razón, pero no la mía.
Respetá los límites; no cruces a mi vereda si yo no invado la tuya.
Puedo escuchar tu libertad, pero no la puedo entender.
Tengo mis ideas. Vos un título. Aunque no lo creas tenemos el mismo valor.
No te equivoques, las arrugas no son sinónimo de sabiduría.
Eugenia Ladra.
miércoles, 23 de septiembre de 2009
martes, 8 de septiembre de 2009
DÍA 1
Despierto. Intento moverme, no puedo. Estoy acostada sobre un piso frío y me duele la espalda. Quiero saber que me impide el movimiento, no puedo. Solo veo un cielo gris y buitres que esperan ansiosos su fresco alimento.
DÍA 2
Despierto. Un dolor punza mi cabeza. No puedo pensar, ni siquiera llorar. Me lastima.
DÍA 3
Despierto. El dolor se agravó. Los buitres vuelan cada vez más cerca. El cielo se oscurece levemente y comienza a hacer frío. Veo una hormiga solitaria detenerse a mi lado.
DÍA 4
Despierto. Veo un charco espeso a mi alrededor de mi propia sangre. Siento un agujero en mi cabeza; siento el frío y también el miedo.
DÍA 5
Despierto. Siento hambre, tengo la vista nublada y los pensamientos confusos. Veo más hormigas. Son rojas y se pierden entre mi sangre. Algunas se ahogan en ella. Pobrecitas, tan pequeñas.
DÍA 6
Despierto. Siento hormigas caminando sobre mi cabeza dolorida. Muchas hormigas. El frío penetra en mi cuerpo y me estremece.
DÍA 7
Despierto. Una hormiga camina a mi lado sosteniendo una pequeña masa. No sé que es; sólo veo que es gris. Gris intenso.
DÍA 8
Despierto. Más hormigas siguen el mismo camino de la primera, con trozos similares de la misma masa. Tengo náuseas. Desprendo un líquido amarillo de mi boca que se mezcla con la sangre coagulada.
DÍA 9
Despierto. Segundo a segundo siento puntadas que atraviesan mi frágil cráneo.
DÍA 10
Despierto. Las hormigas crecieron. Están gordas. Se nutren de la masa gris.
DÍA 11
Despierto. Las hormigas toman trozos cada vez más grandes de la masa gris. Mis sentidos mueren. Ya no veo; no distingo del rojo de las hormigas y del negro del cielo. No oigo; el silencio es tenso y malicioso. Mi boca sedienta tiene gusto a seco. El olor a nada me inunda. Solo el tacto funciona. Deslizo mis dedos por el piso áspero del lugar que no conozco y viví desde siempre.
DÍA 12
Despierto. Las hormigas terminaron la masa gris porque están buscando más alimento. Pobrecitas, tan pequeñas.
DÍA 13
No despierto.
jueves, 6 de agosto de 2009
Mi Emily..
Está tieso.
Se abre la puerta; rechina. El ruido muere en el silencio de la noche. La casa está oscura, al igual que sus ojos.
Se acerca lentamente, con pasos suaves, como si no lo quisiera despertar. Destiende un poco la cama.
Él, quieto.
Ella se queda pensativa, admirándolo. Está hambrienta de su sexo, de su sabor a seco, de su olor repugnante. Lo mira, se acerca; lo vuelve a mirar deseando mezclar sus dedos con el cabello de aquel hombre. Un hilo de saliva se desliza lentamente por el aire hasta la sábana amarillenta. Se limpia con su lengua y siente su propio aliento de mosca.
Cierra los ojos. Le comienza a abrir la camisa más apresurada, más torpe. Sus manos se pierden entre su amplio pecho una vez más, cumpliendo los pasos de la ceremonia rutinaria. Sus uñas se clavan ferozmente en el cuello del hombre.
Gime.
Lo besa en la frente por última vez y camina tranquila hacia la puerta; dejando al muerto descansando en paz.
viernes, 8 de mayo de 2009
jueves, 7 de mayo de 2009
tura, tura, tura..
(...) Nuestra verdad posible tiene que ser invención, es decir escritura, literatura, pintura, escultura, agricultura, piscicultura, todas las turas de este mundo. Los valores, turas, la santidad, una tura, la sociedad, una tura, el amor, pura tura, la belleza, tura de turas. En uno de sus libros, Morelli habla del napolitano que se pasó años sentado a la puerta de su casa mirando un tornillo en el suelo. Por la noche lo juntaba y lo ponía debajo del colchón. El tornillo fue primero risa, tomada de pelo, irritación comunal, junta de vecinos, signo de violación de los deberes cívicos, finalmente encogimiento de hombros, la paz, el tornillo fue la paz, nadie podía pasar por la calle sin mirar de reojo el tornillo y sentir que era la paz. El tipo murió de un síncope, y el tornillo desapareció apenas acudieron los vecinos. Uno de ellos lo guarda, quizá lo saca en secreto y lo mira, vuelve a guardarlo y se va a la fábrica sintiendo algo que no comprende, una oscura reprobación. Sólo se calma cuando saca el tornillo y lo mira, se queda mirándolo hasta que oye pasos y tiene que guardarlo presuroso. Morelli pensaba que el tornillo debía ser otra cosa, un dios o algo así. Solución demasiado fácil. Quizá el error estuviera en aceptar que ese objeto era un tornillo por el hecho de que tenía la forma de un tornillo. Picasso toma un auto de juguete y lo convierte en el mentón de un cinocéfalo. A lo mejor el napolitano era un idiota pero también pudo ser el inventor de un mundo. Del tornillo a un ojo, de un ojo a una estrella... ¿Por qué entregarse a la Gran Costumbre? Se puede elegir la tura, la invención, es decir el tornillo o el auto de juguete. (...)
Julio Cortázar.
jueves, 23 de abril de 2009
Sopa de letras
¿Qué haría Girondo si tuviera a La Maga a su lado? ¿La tiraría al vacío? ...no lo creo. Pero ella se iría hipnotizada detrás de la misma mariposa que después de un aleteo, desató un huracán al otro lado del mundo; donde estaba la mujer-coraza sangrando de amor por Benedetti, que no sabía de donde venía y hacia donde iba. Ahí fue donde apareció Walking Around un hombre misterioso que se hacía llamar Pepe, y me dijo a los ojos: “cultivate el balero”. Y pensar que mi cabeza se perdió rodando en las calles con Isabel Allende persiguiéndola muerta de terror porque la gallina degollada de Quiroga me estaba picoteando los sesos.
lunes, 20 de abril de 2009
No sé, me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo de estar conmigo!
sábado, 18 de abril de 2009
viernes, 17 de abril de 2009
Capitulo 7 de Rayuela..
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
Vida eterna..
Se acercaba diariamente a la ventana de su humilde y gris apartamento para verla pasar. Odiaba los árboles de la vereda que se interponían en su cautelosa mirada. Todos los días, a las ocho en punto de la mañana, una mujer esbelta, de unos treinta años aproximadamente, y con la sonrisa más perfecta que se pueda imaginar, entraba al comercio que quedaba en una esquina muy tranquila. Unos minutos mas tarde salía con una bolsa llena de alimentos, dirigiéndose nuevamente hacia su casa.
Todos los días la misma rutina, y de esta forma, sin tener contacto alguno con la bella mujer, Benicio termino completamente enamorado, obsesionado de esa figura que ni su nombre conocía. Solo sus movimientos, como sonreía, como acomodaba su cabello, como caminaba, como simplemente actuaba cuando se sentía observada. Aunque había algo mas allá en la belleza de la mujer, mas allá del momento, mas allá de su silueta. Este regalo de la vida tenía un aura de misterio. No compartían el mismo tiempo y espacio. Observarla, implicaba un viaje al pasado, eso lo atraía y desconcertaba.
Muchas veces, Benicio en la desesperación por conocer algo mas de su vida, dejaba volar la imaginación y sentía que todo era un sueño, que él la conocía como nadie, que la tenía entre sus brazos en cualquier momento y lugar; que le pertenecía.
Su mente la alejaba de todo, del ruidoso trafico, de los tormentosos edificios y de las personas que iban por la calle como sin rumbo. Día tras día su obsesión por aquella mujer iba aumentando notablemente.
Abrió sus ojos recién despiertos, miró de reojo su reloj y saltó apresuradamente de su cama. Iba a llegar tarde a trabajar. En quince minutos estaba bajando por las escaleras de su apartamento y se percató que llovía como nunca, al mismo tiempo buscaba con la vista algún oportuno taxi.
Extendió su mano izquierda en señal de detener el amarillo vehículo. Pero alguien se le había adelantado. Alguien por el cual no solo cedería un taxi, sino la vida. Su belleza a pocos centímetros era mágica, impactante, a veces hasta miedo exprimía.
-Me dirijo al centro, no me importaría compartirlo con este temporal-dijo la extraña pero admirable mujer con una voz segura.
-Claro-contesto Benicio con simpleza.
Los días siguientes fueron como torbellinos de sensaciones. Sus encuentros eran cada vez mas seguidos e intensos. Benicio descubrió una mujer con una excelente facilidad para contarle anécdotas pasadas e historias lejanas. Una mujer que hacía el amor como nadie, haciéndolo sentir virgen en cada encuentro.
Luego de la cena, la música incentivaba un descanso. Benicio la observo dormitando, la cubrió con una manta, miró a su alrededor y un sobre desgastado en el escritorio llamo su atención. Sigilosamente fue a buscarlo. El papel se deshacía en sus manos.
“Se le otorgan veinte esclavos a las tierras de río Guadiana. 13/02/1513”. Y a continuación, confirmando el negocio, la firma de la mujer.
Lo que más impactó a Benicio no fue el poderío de su amante sino la fecha del documento. 484 años; era algo completamente imposible. Mientras trataba de buscar una respuesta lógica para sus miles de interrogantes, la mujer abría sus ojos lentamente. Se acercó con pasos suaves hacia él y le susurro con paciencia -¿Qué haces?.
Queriendo descartar todo tipo de dudas Benicio decide preguntar si ese papel que sostenía entre sus manos pertenecía a algún antepasado. La mujer sonrió y sabiendo que ya había sido descubierta, le contó con mucha brevedad su larga vida, ya que muchas historias que habían servido de entretenimiento para Benicio, eran historias de sí misma.
Su edad exacta era de 519 años, no muchos mas de los hombres que habían pasado por su vida. Gracias a una pócima que tomaba día por medio, se mantendría joven y fresca por el resto de los tiempos. Benicio estaba estupefacto, aunque todavía no había recibido la peor de las noticias.
-Tu curiosidad te ha sentenciado, nadie en este mundo de idiotas, puede saber que existe una pócima para la juventud eterna porque la tierra seria un desastre. No puedo arriesgarme a que se te escape una sola palabra aunque te traten de loco. Debo matarte. Tendrás que seguir la suerte de otros curiosos.
Los truenos que comenzaban en ese instante, opacaron las súplicas de otra víctima.
Eugenia Ladra
Posmodernidad
La posmodernidad, la era actual, nuestro presente real. La época del materialismo, del consumismo, de la inmediatez, de la información, de la comunicación. Se dejan de lado los ideales, las causas, los objetivos personales, para llegar a ser el contenido perfecto para el molde universal. Nos convertimos en los voceros de los medios de comunicación, aceptando como propias sus opiniones. Somos marionetas manejadas por el dinero y el poder, y ellos nos inculcan desde nuestra llegada al mundo las reglas de juego: para triunfar y destacarse es necesario corresponder con el modelo de belleza, poseer un gran poder adquisitivo y por sobre todo, no tener tabúes ni temores de engañar al otro para conseguir lo que buscamos en el momento que lo queramos.
Vivimos la era del vacío, se busca y se premia únicamente a lo estético y superficial. Se dejan de lado los ideales y debates. Las palabras se vuelven superfluas y la moral insignificante. El mundo material es lo único que adquiere valor, aunque no hay que olvidar que es un mundo desechable. Todo se renueva, siempre se encuentra algo más eficaz y novedoso.
Caen los modelos, en nuestro presente las personas ya no leen, ya no escriben, ya no se interesan por las demás opiniones. Nadie tiene un ídolo, nadie lucha por una causa, los niños no conocen a Don Quijote. Todo se encuentra en su justa medida, con nadie que proteste. Nadie se revela, nadie sigue a nadie, cada uno por su camino, solo.
Ahora no se admira, solo existen personajes pasajeros con fecha de caducidad muy próxima, para luego ser olvidados y desplazados por futuras personalidades innovadoras, en un eterno ciclo.
Nos encontramos con el relativismo ético en su máxima expresión, aquí todo vale, la ética y la moral son sólo posturas olvidadas, existe un libertinaje moral donde todo se puede realizar, donde nada está prohibido. Ausencia de reglas, de normas, de valores, de respeto por el otro, por sí mismo. Ni la conciencia nos juzga.
Éxtasis de la comunicación, la humanidad conectada. De Cuba a Suecia; de Uruguay a Francia; del Congo a Panamá, en menos de un segundo. Nada es privado, todo se sabe al instante, todos estamos conectados en esta babel de la información.
jueves, 16 de abril de 2009
Walking Around
Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines,
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro.
Navegando en un agua de origen y ceniza.
El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.
Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.
Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería belloir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío.
No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tapias mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.
No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos
ateridos, muriéndome de pena.
Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.
Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.
Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejosque debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.
Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloranlentas lágrimas sucias.


