Se deben haber dormido con una sonrisa torcida en la cara; o quizás deben estar brindando con copas de cristal el saber que el pueblo uruguayo los extraña y hasta parece que les da lugar para una segunda visita. Porque acá somos todos solidarios, y además tenemos mala memoria, pero no hay que preocuparse, es un síndrome general. En realidad, ¡no hay país como Uruguay!
Y así estamos, con la justicia a nuestros pies, pero como buenos orientales le agradecemos y la despedimos, sus servicios no son solicitados.
Mientras escribo enojada, familias desarmadas planean irse del país que no supo entender, del país que se queda en el discurso y olvida los hechos, del único país que le dice sí a la mentira y no a los derechos.
02:30 del 26 de octubre de 2009.
Eugenia Ladra.