Al tener que expresarme sobre la libertad, inmediatamente retumba en mi cabeza una pregunta que creo que no podría responder, pero vale la pena plantearla: ¿existe la libertad? Desde niños, en la escuela y luego en el liceo, nos enseñan que la libertad es un derecho de los seres humanos, intransferible e inalienable. Nos afirman que la libertad no es solo una palabra escrita en la declaración de los DDHH, sino que es un hecho. Nos dijeron que se priva de libertad a los que cometen delitos, como el peor de los castigos. Y nos repitieron una y otra vez que el héroe de nuestra Patria se trasformó en tal por luchar por la independencia y libertad nacional. Sin embargo, todo aquel discurso escolar se derrumba cuando un golpe de Estado abofetea la democracia, y personas que no fueron invitadas, van llegando al baile.
¿Qué sucede en esos casos? Las personas que no están en cárceles, ¿continúan siendo libres? ¿Puedo elegir dejarme el pelo largo, usar una remera del “Ché”, escuchar a los Olimareños, leer a Benedetti, militar por un partido? ¿Puedo ser yo mismo? ¿Puedo ser libre?
Pero también hay que pensar desde la perspectiva opuesta. Nos pueden prohibir que cantemos una canción, pero podríamos repasar su letra en nuestro interior una y otra vez. Pueden censurar la prensa, sin embargo, las ideas seguirían latentes. Nos pueden obligar a cortarnos el pelo con prolijidad, pero cada vez que nos miremos en el espejo sabremos que lo que llevamos es sólo un disfraz. También nos pueden forzar a seguir otros ideales y a adorar a otros líderes; pero nadie puede hacer que estemos convencidos en nuestro interior de lo que decimos ni de las autoridades respetadas.
En el libro de George Orwell, “1984”, el autor plantea la situación determinada de Winston. Winston es el personaje principal y se encuentra en un conflicto interno debido a que sus pensamientos no coinciden con los de sus gobernantes. Pero el problema no radica allí, sino en que sus gobernantes son autoritarios. A través de la ciencia ficción y la distopía, el autoritarismo que presenta Orwell es extremo y la libertad no es más que una palabra. “(…) la palabra libre aún existía en neolengua, pero sólo se podía utilizar en afirmaciones como «este perro está libre de piojos», o «este prado está libre de malas hierbas». No se podía usar en su viejo sentido de «políticamente libre» o «intelectualmente libre», ya que la libertad política e intelectual ya no existían como conceptos y por lo tanto necesariamente no tenían nombre.”[1]
Orwell muestra, a través de profundas metáforas, lo que regímenes totalitarios han querido lograr. Los escenarios que se exhiben en “1984” no se encuentran tan alejados de la realidad. La humanidad ha tenido que soportar autoritarismos tales como los fascismos y el stalinismo, los cuales no han llegado al extremo de vigilancia y no-libertad presentados en Oceanía (potencia donde se desarrolla la novela), auque la distancia entre la ficción y la realidad no es muy amplia. Aquí la pregunta radica en si regímenes tan poderosos como los que se han vivido no han sido tan radicales como en la ficción debido a la falta de tecnologías. Si actualmente una potencia entrara en conflicto interno, en dictadura o en autoritarismos, y existiera un líder, un Gran Hermano, ¿se utilizarían telepantallas[2], neolengua[3] y habitaciones 101[4]?
Durante todo el correr del libro se mantiene el concepto de libertad como un hecho a pesar de las duras condiciones en que vive Winston. Pequeños instantes de libertad, tales como escribir en contra del Partido en un diario íntimo; conocer una mujer; mantener relaciones sexuales[5]; y alquilar una habitación sin telepantallas fuera de la ciudad, son en cierta forma, la salvación (y al mismo tiempo la condena) del personaje. Inclusive por momento se leen frases como “Dentro de ti no pueden entrar nunca.”[6], llevando a pensar en que la libertad si existe y cada uno es dueña de ella en su interior.
En la totalidad del libro se defiende la idea de que todo lo que poseemos tiene la posibilidad de ser trasformado y vulnerado: nuestras pertenencias, nuestra vestimenta, nuestro modo y calidad de vida, e inclusive nuestro cuerpo. Sin embargo, podemos ser dueños de nuestro pensamiento. Si bien existen formas en que nos pueden persuadir a pensar de otra forma (como los medios de comunicación, la opinión de nuestros pares o familiares y nuestra educación), cada persona tiene la posibilidad de ser fiel a sus creencias, al menos sólo en su pensamiento; y esa es la libertad más importante que tenemos.
Sin embargo, como era predecible, un día Winston cae en manos del Partido. Es encarcelado y torturado. A pesar de ello, no lo matan. Quieren que primero crea en lo que predica el Gran Hermano y el Partido, quieren que este convencido de la filosofía del Ingsoc, y luego, en el ápice de su adoración: asesinarlo. Y al final, Winston muere. Se rinde ante las garras ideológicas del Partido. Cree en el Gran Hermano, en lo que siempre aborreció.
“Se había vencido a sí mismo definitivamente. Amaba al Gran Hermano”[7]. Con estas palabras finaliza el libro y derrumba toda la teoría antes expresada. Winston es privado de su libertad hasta que disfruta de ello. ¿Allí vuelve a ser libre? Cuando se encuentra convencido, en el lugar que quiere y disfrutando de su no-libertad, ¿es libre? Quizás sea por ello que en ese instante es asesinado, por ser libre en un lugar donde la libertad no es más que una palabra.
Orwell deja en sus lectores una ambigüedad en cuanto a la libertad. En las situaciones más extremas la libertad puede estar en nuestro interior o puede que ni siquiera allí este a salvo. ¿La libertad depende del gobierno de turno? ¿La libertad depende del resto? ¿O sólo de cada uno? Yo puedo ser libre porque elijo vestirme de una forma, pero si decido no usar ropa, inmediatamente me encarcelan. ¿Eso es libertad? ¿O es sólo un trozo de la torta?
Por otra parte, Aldous Huxley en su libro “Un mundo feliz” propone, al igual que Orwell, un mundo colmado de ciencia ficción donde todos sus habitantes son condenados a una inocente e ilusoria felicidad. Los recién nacidos[8] son expuestos durante sus horas de sueño, a repetidas grabaciones donde aparecen explícitos los mensajes que quiere cultivar el Estado: “Los niños Alfa visten de color gris. Trabajan mucho más duramente que nosotros, porque son terriblemente inteligentes. De verdad, me alegro muchísimo de ser Beta, porque no trabajo tanto. Y, además, nosotros somos mucho mejores que los Gammas y los Deltas. Los Gammas son tontos. Todos visten de color verde, y los niños Delta visten todos de caqui. ¡Oh, no, yo no quiero jugar con niños Delta! Y los Epsilones todavía son peores. Son demasiado tontos para...”[9] “Los vestidos viejos son feísimos. Nosotros siempre tiramos los vestidos viejos. Tirarlos es mejor que remendarlos, tirarlos es mejor que remendarlos, tirarlos es mejor...”[10] A este fenómeno se le llama <<enseñanza a través del sueño>>.
Estos cientos de niños no eran concientes de la hipnotización que el Estado les realizaba por intereses económicos, sociales y políticos. Al igual que en “1984”, los hacían adorar a un líder al cual nunca habían visto, lo que aseguraba un orden total durante largos años. Los ubicaban en “peldaños sociales”, donde algunos eran mejores que otros, y otros eran peores que nada; pero con la idea fija de que todo son necesarios para la comunidad, y por lo tanto nadie puede revelarse, sólo debe limitarse a cumplir su función, ya que no sabe hacer nada más que lo que le tocó.
Entonces me pregunto, ¿somos libres cuándo no somos concientes que se nos está privando de la libertad? Estas personas no estaban al tanto que habían sido interferidas en su niñez. Pensaban que sus pensamientos eran propios de su cabeza y que se encontraban en lo cierto, porque el resto de la comunidad estaba de acuerdo y todos vivían felices en su burbuja. En tal caso, ¿es correcto decir qué esas personas se sentían libres aunque no lo fueran? Y sino hubiesen sido intervenidos en su niñez por el Estado, ¿hubiesen sido vírgenes en su pensamiento? ¿Acaso no se bautiza a millones de niños sin saber su voluntad? Nunca es tarde para creer en algo, pero a veces es demasiado temprano para hacerlo. Un niño que crece respondiendo a una determinada religión está condicionado a que en un futuro la elija por haberse iniciado en la misma. ¿Es eso libertad?
Por otra parte, la libertad también es coartada cuando el Estado elige a que grupo pertenecen los recién nacidos. Pueden ser los tontos Epsilones, o los mejores Alfas. Logran que los niños vivan en grupos para eliminar su individualidad. Este sistema de castas no permite bajo ningún concepto movilidad social, y promueve la obediencia al mejor. Cada casta tiene deberes fundamentales para la sociedad, y con ese discurso nadie intenta rebelarse, por que la suma de cada uno forma un todo perfecto e ideal. Un Gamma se dedica a reproducir las células, sin embargo, no tiene la menor idea, y tampoco le interesa, de donde salen las sustancias que utiliza para su trabajo o quien fabricó la vestimenta que lleva puesta. Su mundo es su trabajo.
El sistema también promueve que los individuos se encuentren rodeados de personas pero emocionalmente solos. Las relaciones amorosas deben ser rápidas y sin la intervención de emociones fuertes. La infidelidad es común y aceptada. Al mismo tiempo, las personas no tienen familia, sus padres, como ya mencioné, no existían en verdad. Esta falsa ilusión de encontrarse en medio de un mar de personas, no es más que un espejismo de libertad donde se cree que se pueden rodear con las personas que quieren en el momento deseado. Pero un Beta nunca mantendrá una conversación con una Gamma. Entonces, ¿son ellos libres de elegir con quién relacionarse? ¿Son libres de vivir diferente? No, nacieron con mundo armado y confeccionado, pero les afirmaron que todo es producto de su libre pensamiento.
Las drogas tampoco faltan en “Un mundo feliz”. Con el fin de controlar y manejar a las masas, el soma es una sustancia que alivia los momentos de tensión o angustia. A cualquier indicio de no-felicidad el sistema recomienda que se tomen unos gramos de soma y la felicidad volverá al instante. Ni siquiera se permite sentir. El soma elimina cualquier tipo de sensación y emoción. Sentirnos angustiados o nerviosos es un hecho que lo consideramos normal y cotidiano, ¿pero qué sucedería si nos proporcionaran drogas para eliminar todo sentido? Y si la persona desea ingerir esas drogas para sentirse “feliz”, ¿está siendo libre?
Por último, en “Un mundo feliz”, uno de los personajes principales, cuestionando al sistema le dice a su amiga: “¿No te gustaría tener la libertad de ser feliz... de otra manera? A tu modo, por ejemplo; no a la manera de todos”[11]. Quizás la libertad sea subjetiva. Cada persona tiene su propio concepto e imagen de libertad, y también sus propias experiencias, con o sin ella. Pero inclusive lo que cada persona piensa de la libertad está reducido a sus pensamientos, su educación, sus vivencias. La libertad es libre. La libertad tiene un rostro diferente por cada espejo en que se mire.
Eugenia Ladra. 2010.
[1] George Orwell. “1984”, Los principios de la neolengua. Página 329.
[2] Pantallas ubicadas en casas, lugares de trabajo y calles para vigilar los sonidos y las acciones que las personas realizan durante todo el día.
[3] “Neolengua era la lengua oficial de Oceanía y fue creada para solucionar las necesidades ideológicas del Ingsoc o Socialismo Inglés.” Página 328.
[4] Habitación de castigo para presos políticos. La tortura consiste en investigar al preso y tener conocimiento de su fobia más insoportable. La habitación 101 contiene “lo peor del mundo” para cada individuo, por lo que su contenido varía con cada persona.
[5] El Partido prohibía mantener relaciones sexuales por placer. El único objetivo para ellas era el de reproducir la especie.
[6] George Orwell. “1984”. Página 319.
[7] Ibidem. Página 327.
[8] Las personas no eran generadas por un padre y una madre, sino por una célula expuesta a múltiples pruebas que la obligan a dividirse en pequeñas células. De allí salían cientos de gemelos sin padres naturales y reales. Niños al servicio del Estado, de Ford (su Dios, el cual nadie a ha visto), de todo el cuerpo social.
[9] Aldous Huxley, “Un mundo feliz”. Página 28
[10] Ibidem. Página 42.
[11] Aldous Huxley, “Un mundo feliz”. Página 68.