miércoles, 7 de julio de 2010

Jet Set/2

Mientras contaba monedas para subirse al gusano manzana se dio cuenta que le gustaba comerse las uñas. Tiro las monedas y decidió que su próxima misión iba a ser conseguir ese esmalte asqueroso que impide que personas como ella se coman las uñas. No sabía donde conseguirlo, cuánto le iba a costar, ni si le iba a hacer algún efecto; pero al menos iba a intentarlo. Mientras caminaba por la calle advirtió que las dos farmacias por las que ya había pasado se encontraban cerradas, y pensó que quizás era un complot, que quizás había alguien en la tierra a quién le interesaba que ella se comiera sus uñas. Además se percató que las calles estaban vacías, pero no quiso distraerse más, y continuó su camino. Luego de varias cuadras se encuentra con un mendigo durmiendo en una puerta.

Primero lo toca con el pie. Nada.

Lo sacude con una patada voladora que había aprendido cuando fue cinturón rosado en karate. Nada.

Saca un escarbadientes de su bolsillo izquierdo y lo pincha. Nada.

Abre un vino en caja y se pone a tomar a su lado haciendo el ruido evidente de cuando alguien que nunca toma vino en caja, lo hace por primera vez. Nada.

Entonces se pone nerviosa y comienza a comerse las uñas. Es allí cuando el mendigo salta de su cartón-bed y se la queda mirando asombrado. Ella deja de comerse las uñas, pero no por la mirada opresiva le mendigo, sino porque lo reconoce inmediatamente. Era Paulo Coelho. Impresionada, ella saca “El Peregrino” de su cartera y le pide un autógrafo. Coelho decidió dejar de lado el tema de las uñas, ahora tenía la oportunidad de cagar alguien y lo la iba a dejar pasar. Le firmó el libro e inmediatamente le ofreció un mensaje para que continuara su camino. Ella aceptó e inconcientemente sacó su monedero. Pausadamente y con un aire de seudo intelectualidad, le dijo: -Cuando camines por un sendero desconocido, siempre...siempre niña, sigue a tus pies. Ella, mientras intentaba descifrar la profunda frase de su ídolo, continuó su camino en busca del esmalte.

Eugenia Ladra.

Jet Set/1


Sujetaba fuertemente un cuchillo con su mano derecha. Se escuchaba un tango melancólico de fondo. Sus lágrimas caían lentamente por sus mejillas. Tenía las manos sucias y ganas de terminar de una vez. Odiaba tener que cortar las cebollas, pero sino cocinaba, nadie comía. Sin embargo, ese día fue diferente, ese día se cansó. Tiró el cuchillo a la mierda, se arrancó el delantal floreado que tanto detestaba y salió corriendo a la calle con una mueca de heroísmo en su cara. Cuando se percató que la gente la observaba misteriosamente decidió eliminar aquella mueca que la había hecho sentir tan bien, para volver a su insípida cara. En el momento en que volvió a ser una persona normal, la gente se aburrió y volvió a mirar hacia el piso.
Una vez fuera de su casa no sabía hacia donde ir, entonces decidió tomar un ómnibus, el primero que arribara a la parada. El afortunado fue un 121.
Se sentó al lado de un punk que escuchaba en sus ariculares a Madonna y llevaba bajo el brazo un libro de autoayuda. Poco a poco ella veía como al punk se le iba corriendo el delineador cuando una lágrima se quería asomar. Es que el punk estaba escuchando la canción “Like a virgin”, su preferida. Pero como ella no estaba como para consolar punks doloridos física y psicológicamente, decidió cambiarse de lugar.
Al fondo, en el último asiento se encontraba una anciana aparentemente fanática de Harry Potter. Una bufanda de Gryffindor, obviamente amarilla y bordo, envolvía su frágil cuello, y una clara cicatriz resaltaba en su frente. Un rayo estaría marcado por el resto de los tiempos en su cara. Fue así como Nubel Cisneros se enamoró de ella.
Luego de ver como Nubel y la anciana del rayo se besaban las frentes, cambió nuevamente de lugar. Esta vez estaba Sanguinetti concentrado en un espejo mientras se depilaba desprolijamente las cejas. Ella lo miró extrañada, y él le dijo con una voz algo cambiada: -Es a propósito nena, le da un look “hippongo”. Ella, cautivada por su discurso, sacó un espejito y una pinza de cejas y lo comenzó a imitar. Pero toda esa calma se interrumpió cuando un tipo en el fondo gritó: -yo no tengo pincita, y la depilación es para todos y con todos. En ese mismo instante, Nubel dejó de besarle el rayo a la vieja y le pidió amablemente que bajara la voz, que depilarse la cejas no era un tema de lluvia o sol. El otro se puso tan rabioso que detrás de él salió una perra de tres patas que hizo que dos mujeres se bajaran del ómnibus muy asustadas. En ese momento Sanguinetti que se había aburrido de tanto drama comenzó a cantar un viejo hit mientras le guiñaba un ojo a la del rayo. -Abarajame la bañera, nena...


Eugenia Ladra.