Había tenido alguna lejana vez, grandes proyectos e ilusiones. Su imaginación viajaba sobre los años donde se veía a ella misma introduciéndose en las misteriosas calles de París, o en un café escribiendo en un papel muy arrugado su primer libro. Pero eso no pasó, ella creció en un pueblo donde se aburría, y su imaginación se iba marchitando día a día, minuto a minuto. Fue así que descubrió a los libros. Al principio era solo un pasatiempo, luego se convirtió en un viaje barato para escapar de ese pueblo, y más adelante, en su locura. Pasaba largas horas hundida en aquellas páginas donde encontraba su consuelo. Una mañana despertó y entendió que ya no tenía hambre de verduras, ni de carne, sino de libros. Y fue así como empezó a ingerir libros. También los tomaba, el agua ya no saciaba su sed. Mas tarde llegó la noche entre libros y libritos, y creyó que tampoco necesitaba dormir, ni soñar, que tenía sus libros para todo eso, y decidió dormir libros.
Pasaron días, semanas y meses. Ella se tornó ojerosa, sucia, su pelo se dividía entre piojos y grasa. Su piel tenía manchones y su boca un gusto a seco. Sus huesos marcaban su silueta, escondida debajo de trapos agujereados. Sus uñas era lo único que cuidaba, temía arañar algún libro. Había sido olvidaba, su familia prefería no nombrarla en los almuerzos del domingo; y en las fotos de sus amigos donde estaba ella, se habían hecho quemaduras con un cigarrillo sobre su extraña cara. Pero a ella no le importaba, sabía que sus lecturas diarias eran mejores que toda esa porquería de amigos y familia, donde se hacían regalos obligados para fechas como navidad.
Una mañana comenzó a leer un libro que según su titulo no iba a ser muy interesante, pero decidió no prejuzgar y emprendió con la primer frase. Cuatro horas después lo había terminado y se encontraba tendida en su cama llorando desconsoladamente. Nunca le había pasado con ninguno de los otros libros que había leído, ellos solo le gustaban o no le gustaban, pero nunca la emocionaban. Ella misma se sorprendió con lágrimas en sus ojos, ya que al perder el apetito y el sueño, también había pensado que sus emociones habían desaparecido, pero comprobó que no.
Ese día no leyó más. No sabia que hacer, estaba perdida. No encontraba nadie a quien contarle lo sucedido, ni nadie con quien llorar. Hasta que decidió escribir. A su recuerdo solo venían historias que ya habían sido escritas. Pero en un momento unas palabras vinieron tan rápidamente a su mente que no puedo controlar su mano: “Había tenido alguna lejana vez, grandes proyectos...”
Eugenia Ladra.
lunes, 28 de junio de 2010
Quiero
Quiero querer!
Quiero caminar sin rumbo ni brújulas!
Quiero que Cerati me haga una guiñada!
Quiero que el chocolate se regale en las calles!
Quiero que Cortázar siga escribiendo!
Quiero que se culpe al culpable!
Quiero que se le de afecto al afectado!
Quiero que los cuentos se cuenten!
Quiero que las canciones se canten!
Quiero que los libros sean libres!
Quiero que mis ideas sean hechos!
Quiero mi mano en una bolsa de semillas!
Quiero olor a tierra mojada!
Quiero atardeceres lentos!
Quiero volar sin azafatas!
Quiero que Tom se coma a Jerry!
...
Quiero caminar sin rumbo ni brújulas!
Quiero que Cerati me haga una guiñada!
Quiero que el chocolate se regale en las calles!
Quiero que Cortázar siga escribiendo!
Quiero que se culpe al culpable!
Quiero que se le de afecto al afectado!
Quiero que los cuentos se cuenten!
Quiero que las canciones se canten!
Quiero que los libros sean libres!
Quiero que mis ideas sean hechos!
Quiero mi mano en una bolsa de semillas!
Quiero olor a tierra mojada!
Quiero atardeceres lentos!
Quiero volar sin azafatas!
Quiero que Tom se coma a Jerry!
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