El día en que nací no podía dormir. No me había requerido ningún esfuerzo salir del vientre de mi madre, a pesar de lo cómoda que allí me sentía. Sin embargo, el jueves trece de febrero de 1992 decidí que ya era tiempo de madurar y enfrentarme al mundo. Asi que a las 11.10 horas de la mañana del jueves empecé a ser Eugenia.
Estaba en mi mejor momento, nada menos que estrenando mi vida, cuando siento que mi madre comienza a acariciarme la nariz y a hamacarme para que me duerma. ¿Dormir? ¿Cuando había estado nueve meses encerrada en mi vieja habitación? No; definitivamente no.
Dado que mi madre entendió el mensaje, comenzó a contarme una historia muy interesante sobre una niña.
- Había una vez - dijo – una pequeña salió de la panza de su madre. Sus padres vivían en Montevideo, por lo que ella también viviría allí sus próximos siete años. Allí iría a la Escuela Grecia, se armaría de muchos amigos, tendría una tortuga de mascota y sospechas de ser adoptada.
Luego que pasaron esos años donde la niña vivió en Montevideo, sus padres decidieron emigrar a México, ya que una crisis azotaba al país. Primero fueron ellos solos, por lo que a la niña la dejaron viviendo con su abuela, en un pequeño pueblo llamado Nueva Palmira, en el departamento de Colonia. A la niña le encantaba vivir con su abuela en aquel lugar tan libre, donde los niños podía andar en bicicleta, ir hasta el almacén de la esquina solos y por sobre todo andar descalzos.
Un día, sus padres volvieron para llevarla con ellos a Guadalajara, una ciudad de comida picante, acento extraño y siete millones de habitantes. Durante ocho meses aquella niña conoció lugares extraordinarios, se deslumbró con murales enormes y también tuvo miedo. Tuvo miedo del smog. Alguien le había dicho que en México había mucho smog, y cuando se acordaba tenía miedo de respirar contaminación.
Cuando la niña y sus padres volvieron a su país natal, se separaron. Su padre volvió a Montevideo, mientras la niña y su madre iban rumbo a Nueva Palmira. Allí la pequeña retomó sus estudios, conociendo otros nuevos amigos y otras nuevas costumbres. La niña siempre recuerda su primer día de escuela, cuando era el “bicho raro” y una compañera se acercó y en secreto le preguntó: ¿Cuál es el himno en Montevideo?
Poco tiempo después su madre volvió a viajar a México, y la niña entristeció. Pero tiempo después entendió que “lo que no mata, fortalece” , y la niña dejó de ser niña.
Cuando se percató había comenzado el liceo y se había transformado en adicta a Harry Potter. Le siguieron más libros, y entendió que le encanta la literatura. Más tarde descubrió su gusto por el cine y la música, por los abrazos y el teatro.
Cuando finalizó el liceo, la niña no tan niña, comunicó que quería comunicar. Entonces comenzó a estudiar Comunicación. Así fue que una profesora como tarea pidió una presentación sobre cada uno, y la niña no tan niña, comenzó: “El día en que nací no podía dormir”.
Eugenia Ladra.